November 11, 2012
Rara de Florencia Alvarado

La sensación de absurdo a la vuelta de cualquier esquina puede sentirla cualquier hombre, dice Albert Camus en El mito de Sísifo. Rara, mención de honor en el 8vo. Salón Regional de Jóvenes Artistas, es una obra que explora los muros absurdos de la cotidianidad con desolada desnudez. La atención a lo espectacular que puede tener la vida ordinaria refleja un extrañamiento con el mundo exterior, pero su mirada inquisitiva ahonda en una intimidad de la que ineludiblemente forma parte. 

Rara de Florencia Alvarado

Nada nos inquieta como lo secreto. Florencia Alvarado nos presenta una de las miradas más poéticas de la fotografía joven venezolana porque no muestra, sino que sugiere. El espectador, entonces, no tiene un rol pasivo ni se conforma con mirar de lejos: Rara invita al acercamiento, al ir y venir hacia la pared para ver y leer, para detallar el todo del montaje que simula libros abiertos dejados al descuido y hurgar en lo particular de cada pieza. 

Las imágenes son más que el producto de la detenida contemplación de una transeúnte, son también una catarsis. En esta obra conviven el discurso visual y el textual, haciendo así trascender su valor metafórico. La composición rebasa el equilibrio impuesto de un cuaderno cuadriculado con una foto y un texto escrito a mano que lo sustenta o lo desafía. Las líneas sutiles y la proporción delatan la formación profesional de la artista, graduada en diseño gráfico con maestría en diseño comunicacional en la Universidad de Buenos Aires. La asimetría del montaje constata el movimiento gestual de la lectura. Los textos los componen mandados de la consciencia y deseos de un estado de rareza que significa el súmmum de esta serie.

No es la primera vez que la obra de Florencia Alvarado tienta a la reflexión de la intimidad. En su trabajo Demoliciones, tercer premio del XV Salón Supercable Jóvenes con FIA, toca el tema de la fragmentación de la memoria. Las fotografías no son ventanas que suministran una vista transparente del mundo como es, dice Susan Sontag. Las fotografías nos dicen qué deberían revelar los sujetos de sí mismos. Esta búsqueda de Alvarado se concentra en los objetos y las personas que reconstruyen la memoria y en el extrañamiento con la realidad que las circunda.

Rara está expuesta actualmente en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia. 

November 5, 2012
Máquina de escribir de Fernando Pessoa
Hierro pintado
Siglo XX, segunda mitad

Máquina de escribir de Fernando Pessoa

Hierro pintado

Siglo XX, segunda mitad

November 1, 2012

Todos somos hijos de un predicador.

1:30am  |   URL: http://tmblr.co/ZDI_luWN3Hg2
Filed under: sonidos 
September 29, 2012
"Suena extraño, pero cuando todo me arde en esta soledad que me he provocado, busco cobijo en los autores que me soplan a veces vanamente al oído. Vanamente porque sé que no los oigo, que me entran por uno y me salen por otro, porque si atendiese fuera mejor persona. Entonces regreso a William Shakespeare pidiendo un abrazo. Y me abraza. Pero como por costumbre despierto, vuelvo a sentir que todo arde y veo que me ciñen acaso las paredes frías."

July 31, 2012

Vocal Abierta es una canción para la almohada.

5:39pm  |   URL: http://tmblr.co/ZDI_luQUwxnu
  
Filed under: sonidos 
July 24, 2012
"La soledad es un flete de cobro a destino."

July 16, 2012

July 16, 2012
Maracaibo

Veo esta ciudad y entro en competencia con los lugares, pienso en el nomadismo sobremoderno que propone Marc Augé en Por una antropología de la movilidad, donde alude que es una metáfora. Los nómadas tenían sentido de lugar y de pertenencia, del territorio, de los espacios y del tiempo, así como del regreso. El prefijo “sobre” en “moderno” presupone una infinidad de causas que hacen del estudio algo muy complejo. No hablamos de un fenómeno en los tiempos de la modernidad, sino de un fenómeno sobremoderno que modifica la noción de nomadismo. Ésta se refleja en el movimiento de la población, la circulación y afluente de personas e información.

La gran paradoja es que hablamos de un mundo donde todo puede hacerse desde cualquier parte, sin moverse, y sin embargo, nos trasladamos. Yo regreso al regreso, a Maracaibo, y mis maletas salivan por un nuevo destino. Me pregunto si será así en cada llegada y en cada territorio o si es una respuesta a esta determinada silueta que cae junto al atardecer.

May 28, 2012
Superficies

La experiencia de Historia privada de un etcétera me ha llevado a repensar el poema en la página y considerarlo como un elemento visual. La experimentación formal y sintáctica la empezó Apollinaire con sus caligramas e ideogramas en los que hay intervención de la tipografía, dibujos, el color, poemas vacíos, concretos, las letras aparecen deformadas, etc. Fue una respuesta a las vanguardias, al cubismo y al surrealismo de la época. Si bien fue una reacción, hoy me inspira en la búsqueda expresiva tan propia de la orfandad de cuando uno publica un libro. Sale de la imprenta y ya no es tuyo y caes, sin paracaídas, en el vacío profundo de la página, sosteniéndote, como puedes, de un signo de exclamación. ¿Y ahora qué? Me he preguntado varios meses ya cuando sé que se avecinan tantos y años con la misma pregunta. En pleno deslumbramiento, este libro Superficiesde Octavio Armand me dicta algo así como: “piénsatelo todo, remuévelo todo, sin inventar la rueda trastócate, reacciona, es flexible él, resiste, el lenguaje”. Y empiezo a entender las clases de plastilina.


February 25, 2012
Diálogo con Jacqueline Goldberg sobre Historia privada de un etcétera en El Papel Literario

La poeta Jacqueline Goldberg conversó conmigo vía chat sobre Historia privada de un etcétera. Con gran alegría y agradecimiento comparto con ustedes el registro de nuestro diálogo publicado hoy en El papel literario del diario El Nacional.

Historia privada de un etcétera

Jacqueline Goldberg

El papel literario de El Nacional 

25 de febrero de 2012

“Una palabra nueva es como una semilla fresca que se arroja al terreno de la discusión”, escribió Ludwig Wittgenstein, ignorante de cuánta novedad habría de vertirse en el lenguaje más allá de sus filosóficos juegos. La poesía en conjunción con la tecnología es una semilla de la que mucho se ha discutido pero que sólo recientemente comienza a abandonar los fingimientos. Historia privada de un etcétera, segundo libro de Natasha Tiniacos —aparecido bajo el sello La Cámara Escrita en su Colección 5 en 5— se arroja como “semilla fresca” al terreno de una poesía venezolana quizá demasiado temerosa a las fracturas y los metadiscursos.

El libro de Tiniacos nos reitera que no somos los mismos de hace una década, que quienes son muy jóvenes hoy —como la propia escritora, nacida en Maracaibo en 1981—  asumen que realidad, lenguaje y virtualidad conviven sin grietas, siendo lógico que se deslicen hacia la escritura. “Los hijos del desarraigo/ nacimos/ con lágrimas en los pies/ y nuestro método de supervivencia es el futuro”, escribe la autora.

El de Tiniacos no es un poemario impregnado de los ripios que argumentan la inmediatez o el teclado. Hay allí una poesía visceral y femenina, que alude a humanísimos tópicos, pero profundamente tamizada por lecturas, reflexión y una palabra mordaz, depurada, esculpida en reposo.

“Ninguna realidad es insignificante,/ hemos presionado el pedal del instante/ sujetando el tiempo fugitivo”, apunta Tiniacos en el poema-portal del libro. Por eso antes que intentar maromas críticas fue mejor chatear con ella, dar riendas —aún sin distancias ni cambios horarios— a los vericuetos de la pantalla una reciente tarde de enero.

JG: ¿Crees en los géneros literarios?

Enviado a la(s) 16:12 del miércoles

NT: Sí, del género me interesa transgredirlo, mezclarlo, apropiarme del registro periodístico, por ejemplo, y usarlo en un poema. La exploración con el lenguaje debe rebasar todo género, agotar sus límites. Aunque este interés es nuevo en mi búsqueda, no deseo tener estilo sino vivir una suerte de constante vértigo en las capacidades expresivas.

Enviado a la(s) 16:18 del miércoles

JG: Hay en tu libro un poema que se lee en el envés de la página, palabras tachadas, vocablos en inglés, noticias de Harper’s Magazine, un grafiti, tags de Twitter, referencias a asuntos ambientales, nutricionales, a un cajero automático, a la cuenta de teléfono, a una terapia de pareja. No había tantos elementos lúdicos en tu primer libro… ¿Qué ocurrió en tu proceso escritural?

Enviado a la(s) 16:19 del miércoles

NT: Me mudé al extranjero y se me pegaron muchas cosas en las manos, en los ojos, en los oídos, al tiempo que tanteaba esos poemas en soledad. Como modo de supervivencia me hospedé en la poesía norteamericana actual y traté de contagiarme de sus riesgos con una postura infantil para el asombro. Entonces me tropecé con Anne Carson y Terrance Hayes con muchas ganas de apropiación. Además, cuando supe que el libro lo diseñaría Álvaro Sotillo supe que podría experimentar con el poema como objeto visual. Esos elementos lúdicos son un intento de miniaturista, de reinvindicar lo antiheróico, el error y la saturación de nuestros días. Intento escribir sin miedo.

Enviado a la(s) 16:31 del miércoles

JG: Demuestras que el mundo real cabe todo en la poesía, incluso hay un texto titulado “Poema para ser leído en una falla eléctrica”, tema que nos es tan cercano en Venezuela.

Enviado a la(s) 16:33 del miércoles

NT: John Grierson describe el documental cinematográfico como el tratamiento creador de la actualidad. Esto puede decirse igualmente de la poesía, hablemos de los tiempos que hablemos, de cualquier historia o cualquiera de nuestras diminutas tiranías. Hablar del mundo real es asunto de libertades, es un no temer a la aparente superficialidad de las imágenes. El seno de nuestro ahora puede decirse. Es nuestra agitación.

Enviado a la(s) 16:41 del miércoles

JG: Tu libro es la libertad, pero acotada, pasada por el alambique de la tradición, por muchas lecturas, una licenciatura en Letras en la Universidad del Zulia y un postgrado en Literatura Hispanoamericana y Comparada en la Universidad de Carolina del Sur. Nada queda al azar…

Enviado a la(s) 16:44 del miércoles

NT: Obedecí a Mary Oliver quien dice que la lectura debe ser el taller literario. Su libertad, sí, es acotada y medida porque esas lecturas, desde su altar secreto, quedan como voces latentes en una especie de esquizofrenia y desmayo sin dejar de responder a una punzante necesidad de transgredir.

Enviado a la(s) 17:02 del miércoles

JG: ¿Se confunden piel y pantalla, como insinúa el primer poema del libro?

Enviado a la(s) 17:03 del miércoles

NT: Vivimos una época en la que está el ausente y, a pesar de todos los kilómetros, es inmediato. Es el tiempo del ahora en esta crisis de afectos. Estamos amando a través de la pantalla, desdibujando los límites entre la realidad física y metafísica. Este fenómeno modifica la forma en que nos comunicamos y sentimos. La poesía no puede ignorarlo.

Enviado a la(s) 17:10 del miércoles

JG: ¿Esa pantalla del televisor, la computadora y el teléfono, las redes sociales, los correos electrónicos y este Chat por el que nos comunicamos ahora mismo, cómo están cambiando los temas y la forma de escribir y recibir la poesía?

Enviado a la(s) 17:13 del miércoles

NT: Es nuestro entorno y la realidad relevante a nuestro tiempo. La urgencia y la inmediatez se filtran incluso en la forma que escribimos con nuevos vocablos y órdenes y rupturas sintácticas. Trae consigo la abreviación y la experiencia del límite, universal y antigua. Esto me interesa porque remueve los pisos del lenguaje.

Enviado a la(s) 17:26 del miércoles

JG: Hay gente que tan solo escribe desde un blog, para su estado de Facebook o en los 140 caracteres de un tweet. ¿Cómo emanaron los textos de este libro?

Enviado a la(s) 17:27 del miércoles

NT: Llevo un blog pero lo he dejado como escaparate expresivo y anecdotario, un cuaderno de apuntes. He intentado proteger mis poemas de la fugacidad que lo caracteriza, unos pocos se habrán asomado alguna vez pero han sido escritos pensados para el papel. Hay algo de ceremonial en eso. En Facebook no he publicado nada por la misma razón, aunque el poema “Veinte estados imaginarios en Facebook” salude tal experiencia. Creo que alguien puso una cosa muy bella y me lo adueñé para un verso, otro ejercicio de apropiación.

Enviado a la(s) 17:32 del miércoles

JG: Hablas mucho de apropiación… ¿Se trata de un robo a teclado armado?

Enviado a la(s) 17:33 del miércoles

NT: Prometo que es con carácter devolutivo. Algo como un secuestro express verbal.

Enviado a la(s) 17:34 del miércoles

JG: Un etcétera según el DRAE se utiliza “para sustituir el resto de una exposición o enumeración que se sobreentiende o que no interesa expresar”. ¿Cuál es ese etcétera que Natasha Tiniacos no nos deja ver?

Enviado a la(s) 17:37 del miércoles

NT: Etcétera es la palabra para imaginar lo limitado, lo humilde, lo diminuto, lo absurdo, lo que damos por sentado. Es el dulce etcétera de ee.cummings o George Perec, es enumerar que ya es mañana, entregarse al lento vértigo de hoy. Etcétera es lo que Hansel y Gretel dejaron como migajas de pan en el camino para volver a casa. El mío viene de todo eso y de todo lo que me ha leído y vivido. Etcétera es una reconciliación con el asombro.

February 7, 2012
Explicación falsa de mis cuentos/ Felisberto Hernández

      Obligado o traicionado por mí mismo a decir cómo hago mis cuentos, recurriré a explicaciones exteriores a ellos. No son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Esto me sería extremadamente antipático. Preferiría decir que esa intervención es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En un momento dado pienso que en un rincón de mí nacerá una planta. La empiezo a acechar creyendo que en ese rincón se ha producido algo raro, pero que podrá tener porvenir artístico. Sería feliz si esta idea no fracasara del todo. Sin embargo, debo esperar un tiempo ignorado: no sé cómo hacer germinar la planta, ni cómo favorecer, ni cuidar su crecimiento: sólo presiento o deseo que tenga hojas de poesía; o algo que se transforme en poesía si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ocupe mucho espacio, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. Al mismo tiempo ella crecerá de acuerdo a un contemplador al que no hará mucho caso si él quiere sugerirle demasiadas intenciones o grandezas. Si es una planta dueña de sí misma tendrá una poesía natural, desconocida por ella misma. Ella debe ser como una persona que vivirá no sabe cuánto, con necesidades propias, con un orgullo discreto, un poco torpe y que parezca improvisado. Ella misma no conocerá sus leyes, aunque profundamente las tenga y la conciencia no las alcance. No sabrá el grado y la manera en que la conciencia intervendrá, pero en última instancia impondrá su voluntad. Y enseñará a la conciencia a ser desinteresada.
      Lo más seguro de todo es que yo no sé cómo hago mis cuentos, porque cada uno de ellos tiene su vida extraña y propia. Pero también sé que viven peleando con la conciencia para evitar los extranjeros que ella les recomienda.

January 7, 2012
Entrevista a Terrance Hayes y tres poemas traducidos

Esta entrevista fue originalmente publicada en la revista Quimera, en enero de 2012. Igualmente los poemas de Hayes traducidos al castellano, pero ahora publicados en una nueva versión corregida junto a Luis Miguel Isava. 
 

Cuando quise contactar a Terrance Hayes recibí una respuesta automatizada de su correo, una línea sucinta que me hacía saber que estaba de vacaciones. Insistí una segunda vez y me dijo que mi petición de entrevista se había extraviado en su buzón. Recién había llegado de Brujas. Por un momento habitamos el mismo continente, pero ya estábamos conectados. Concertamos un encuentro vía Skype desdibujando husos de horario y latitudes entre Pittsburg y Barcelona. La fotógrafa Lisbeth Salas lo retrató a través de la pantalla. Los tres nos vimos y no nos vimos, coincidimos en la transitoriedad, en un no-lugar, como diría Marc Augé. No puedo describir con precisión dónde nos dimos cita. Noté en una imagen a veces nítida y a veces “pixelada” que me hablaba desde su despacho de la universidad. Una ventana frente a su escritorio. Libros y discos en orden. Afiches de Penguin Books y otro de García Márquez. Adivinaba poemas por corregir en su mesa y un par de sillas para escuchar los tanteos de sus alumnos. Él se movía con la computadora portátil en la mano a la caza de una mejor conexión inalámbrica como bailando con la luz.
Terrance Hayes nació en Columbia, Carolina del Sur, el 18 de noviembre de 1971. Se educó en su estado natal así como en Pensilvania. Es profesor de escritura creativa en Carnegie Mellon University. Su más reciente colección de poemas, Lighthead(Penguin 2010) recibió el prestigioso National Book Award el año pasado.  Es autor de Wind in a Box (2006), Hip Logic (2002), con el cual obtuvo el premio National Poetry Series y Muscular Music (1999), ganador del premio Kate Tufts Discovery Award. Hayes, quien además es un diestro jugador de baloncesto, se perfila gracias a su vertiginoso “antiestilo” como uno de los más resaltantes exponentes de la nueva poesía norteamericana.

Natasha Tiniacos:¿Cómo empezaste a escribir poesía?
Terrance Hayes: Empecé a escribir poemas como lo hace la mayoría de la gente joven.  Los escribía para chicas que me atraían y para mí mismo. No conocía a alguien que pudiera vivir de la poesía. Yo todavía no me gano la vida como poeta. Enseño pero la poesía es lo que me mantiene vivo.
NT: Naciste y te criaste en el Sur de los Estados Unidos. ¿Cómo ha formado eso tu escritura?
TH: Por muchos años no me forcé a escribir sobre el Sur. Mi familia se mudó alrededor muchas veces cuando crecí, así que no me había considerado arraigado a ningún lugar. En mi tercer libro, Wind in a Box, quise hace un esfuerzo para pensar en mi relación con el Sur: el paisaje, la gente, el lenguaje y la cultura. Esa exploración continuó en Lighthead. Todavía estoy pensando en el Sur, lo que quiere decir que todavía está formando mi escritura.
NT: Como lectora, puedo decir que tu poesía trasciende la estructura. ¿Cómo definirías tu estilo?
TH: Me gusta decir que mi estilo es resistir el estilo. Trato de mantenerme abierto a todas las formas e ideas poéticas. Pienso que el “estilo” es un producto del consumismo. El estilo le asegura a los consumidores obtener lo que ellos esperan. Eso es bueno para el negocio, pero no es bueno para el arte y los artistas. El experimento y el riesgo son antiéticos al estilo y la consistencia. Intento ir más allá del estilo hacia el descubrimiento.
NT: Ezra Pound alguna vez dijo: “Creo en la técnica como una prueba de la sinceridad del hombre”.
TH: Creo que la sinceridad es una dimensión de la técnica.
NT: En cuanto a temas, ¿podemos hablar de obsesiones?
TH: La música, la gente, la imaginación –estos son tanto temas como obsesiones. Vivo en la música, pienso constantemente en la gente- física y metafísicamente. Mi imaginación es la madre de todas mis obsesiones. 
NT: Cuéntame algo sobre tus lecturas. He visto la presencia de algunos escritores hispanoamericanos en tus poemas, como Borges y Lorca. ¿Qué te conecta a ellos? ¿Hay otros?
TH: Leo más de lo que escribo. Borges dice en The Craft of the Verse que está mucho más orgulloso de la cantidad de libros que ha leído que la cantidad de libros que ha escrito. Me siento igual. Leo aproximadamente un libro de poemas a la semana. Las novelas son un reto más grande debido a mi horario, pero este verano leí un montón de novelas y novelas cortas de Roberto Bolaño.  Los detectives salvajes es estupenda. Estrella distante. Soy admirador de Clarise Lispector y, por supuesto, de Gabriel García Márquez. Este verano también leí Pálido fuego de Vladimir Nabokov y los libros de W.G. Sebald: Vértigo y Austerlitz. Leí muchos libros de poemas. Far District de Ishion Hutchinson y Temper de Beth Bachman encabezaron la lista.

NT: ¿Cuáles son tus lecturas constantes, voces recurrentes que podemos llamar acompañantes de tu oficio?
TH: Mis lecturas constantes incluyen el trabajo de Sylvia Plath, Yusef Komunyakaa, Robert Hayden, Larry Levis. Mi música constante incluye Burial, Cinematic Orchestra, Marvin Gaye, Miles Davis, Biggie Smalls…
NT: Cuéntame un poco sobre tu proceso creativo.
TH: Escribo en la noche cuando todos en mi casa están dormidos. Puedo trabajar hasta tarde siempre que tenga mis 15 o 20 minutos de descanso en la tarde. Mi siesta.
NT: ¿Qué hay en tu escritorio en este momento?
TH: Tabaco, cuadernos, discos compactos vírgenes, bolígrafos, lápices. The Dead Lecturer de Leroi Jones, Actual Air de David Berman, Consider de Lobster de David Foster Wallace. Había otros libros, pero limpié mi escritorio el fin de semana pasado.
NT: Ha sido un poco difícil traducir la palabra “Lighthead” porque la lengua española no tiene una equivalente. Se presenta para nosotros como el primer poema del libro. ¿Puedes describir un poco el vocablo para nosotros?
TH: Significa estar mareado –así como después de dar vueltas en círculos. También es estar iluminado como si un halo flotara sobre la cabeza. También es estar ardiendo de deseo. O linchado. Una cabeza en fuego.
NT: Yusef Komunyakaa resuena en tu poesía.
TH: Sí, ha sido una guía poética por mucho tiempo, un mentor y amigo.

NT: Cuando leo tus poemas algunas veces siento que escucho blues, jazz, e incluso un beatbox. Uno de tus poemas está titulado como una canción de David Bowie (“God is an American”). Cuéntame sobre tu relación con la música.
TH: Respiro música. Como y duermo música. Es el arte supremo.
NT: ¿Qué es lo que llamas “estética esquizofrénica”?
TH: Quiere decir que trato de habitar múltiples, simultáneos enfoques de creatividad. Me gustan los accidentes creativos que causan el caos y la multiplicidad.
A continuación, una mínima selección de Lighthead y Wind in a Box. Poemas traducidos por primera vez al español. Esta es una versión corregida junto a Luis Miguel Isava.




God is an American

Todavía amo las palabras. Cuando hacemos el amor en la mañana,
tu piel todavía húmeda por la ducha, el día se calma.
Shadenfreudetal vez sea la mejor manera de nombrar el recubrimiento
de la adultez, el polvo de azúcar sobre una camisa negra. Estoy

solo ahora en el último piso jalado por la obsesión, la tinta
en mis dedos. Y a veces es un nombre difícil.
A veces es como el mundo antes de América, el paren-
tesco de tontos y cazadores, los niños, los sueños

de madres sin estilo. Una palabra puede ser la huella de una bota
en un cuadrado de cemento fresco y el lustre de la mañana.
Tu respuesta a mi beso es Tengo una caries. Estoy
enamorado de lo incompleto. Estoy aferrado a tus dársenas.

Sí, tengo una buena idea de lo que es la belleza. Sobrevive,
en efecto. Duele como un libro abierto. Hace difícil vivir.


Guía del mareado a la galaxia

Damas y caballeros, fantasmas y niños del estado,
estoy aquí porque nunca he podido agarrarle el truco al Tiempo.
Esta hora, por ejemplo, sería como todas las otras
si no fuera por la lluvia que cae a través del techo.
Mejor es que no sea muy explícito. Mi noche es indiferente
consigo misma, problemática como una mujer sin sostén
en el invierno. Creo que todo es una metáfora del sexo.
Hacer el amor imita el acto de partida, la luz de la luna
gotea desde las hojas. Puedes pasarte toda la vida
nada más preparándote para la vida y pensando,
“¿esto es todo lo que hay?” Por eso estoy aquí donde los poetas vienen
a beber un fuerte veneno oscuro con diminutos trozos de hielo,
algo para soltar mi lengua de primate y sus sílabas
de escombros. Sé que todas las palabras vienen de palabras preexistentes
y se dividen hasta que nuestros pronunciamientos desarrollen yoes.
El pequeño perro ladrándole a  lal  la oscuridad tiene algo que decir
sobre la forma en que vivimos. Prefiero tener lo que mi papi llama
“camarón”. Él dice “discreta” y se refiere a la calle
que precisamente no alcanza la vista. No lo que ves, sino lo que percibes:
eso es poesía. No el ruido, sino su ritmo; un arreglo
de desarreglos. Te comeré para vivir: eso es poesía.
Me gustaría resplandecer coccomomo una morena embarazada.
Me gustaría poder llorar como mi maestro mientras nos leía
el soliloquio del sí de Molly Bloom. Cuando beso a mi mujer,
a veces saboreo su cautela. Pero no hablemos de eso.
Tal vez el único propósito del Arte sea preservar el Yo.
A veces jujuju juego a que mi nave primitiva dispara
sobre una nave espacial alienígena cuya objetivo es la destrucción
de la tierra. Otras veces me enamoro de una palabra
como lo sombrío. O la luz de la luna exprimiendo ramas desnudas.
Todas las especies tienen una noción de vacío y sin embargo
las flores no dejan de abrirse. Llevo conmigo el quejido
que puedes escuchar cuando la boca colapsó, la sabiduría
de los monos. Pregúntale a un vaso de agua por qué siente piedad
por la lluvia. Pregúntale al alocado perro del patio por qué tolera la correa.
Hermanas y hermanos, cuando pasen sus noches
exponiéndose, hay una probabilidad de que caigan en su sueño.


Viento en una caja
-según Lorca

Quiero siempre dormir bajo una cobija –roja y brillante–
de hojas. No quiero nunca vestir un abrigo de hielo.
Quiero aprender a caminar sin pestañear.

Quiero sobrevivir la tortuga y el padre de la tortuga,
la piedra. Quiero una boca llena de permisos

y un capullo rosado refulgente. Si la flor silvestre y el hormiguero
pueden volver después de dormir cada estación, quiero salir
de esta casa vistiendo nada más que viento.

Quiero recibirte, quiero esperar el bus contigo
pesando menos que un escalofrío. Quiero combatir los rayos

de gris que iluminan los nichos y los senderos sinuosos
de tu pelo. Quiero combatir los codazos húmedos
de la nieve. Quiero combatir el viento.

Quiero ser el viento y quiero combatir el viento
con su caída pancarta de aislamiento, sus batientes

puertas mosquiteras, sus cajas doradas y panfletos de ruido
cuidadosamente doblados. Quiero combatir las aburridas líneas rectas
de dos por cuatro y los desenlaces, tus desaprobaciones,

tus dudas y reglamentos, tus copias al carbón.
Si la langosta puede abandonar su traje,

quiero un nombre completamente nuevo. Quiero la furia de la pimienta
y la ternura de la sal. Quiero la virtud
de la lluvia nocturna, pero no sus habladurías.

Quiero la intuición de la luna, pero no sus preguntas.
No quiero la malicia de la nada en la tierra. Quiero entrar

en cada habitación de una extraña ciudad electrizada
y encontrarte ahí. Quiero tus labios alrededor de la campana de carne

en la parte inferior de mi oreja. Quiero ser el espejo,
pero no la mesa de noche. No quiero ser el encendedor de luz.
No quiero ser la fotografía amarilla

o el libro de poemas. Cuando abandone este cuerpo, Mujer,
quiero ser llama pura. Quiero ser tu canción.

6:43pm  |   URL: http://tmblr.co/ZDI_luPUbIYD
  
Filed under: Traducciones Quimera 
September 8, 2011


"La luz del trabajo es una bella luz, pero que sólo ilumina bellamente de verdad cuando es iluminada por otra luz". -Wittgenstein

September 5, 2011
Schadenfreude

En una de mis visitas a la ciudad, decidí esperar el último tren en un bar llamado “La paciencia”. Me gusta contemplar, buscar información en las conversaciones vecinas, contaminarme, leer a la gente, anotar. Usualmente lo anodino me cautiva porque me exige una lectura más honda. Escuchaba a un hombre hablar sobre el deterioro de su barrio, de mujeres y políticos. Se emocionaba al paso de sorbos, todo le enfurecía. También hablaba con ira sobre su madre. Unos minutos después llegó una mujer de cabeza rapada, vestida de negro, con el cuello tatuado. Estacionó su moto y se sentó junto a él. Por la fogosidad de ambos pensé que discutirían, que me darían un curso crash de vulgaridades catalanas, pero cuando la oscura motorizada arrimó su silla, se tocaron las manos y se hablaron suavemente.

Escribía como para atajar ese prurito de realidad, un calco de frases y aromas de parejas, turistas trasnochados, bañistas regresando de la playa. Gozaba la terraza y la amplitud de la mesa hasta que un par de alemanes me preguntaron si podían sentarse conmigo. Viré levemente para constatar que había otras mesas disponibles y que la petición de estos turistas tal vez obedecía a una costumbre foránea. Lo vi como una invasión innecesaria, pero mi timidez de transeúnte me forzó a darles la bienvenida. Seguí escribiendo hundida en mi cuaderno como una avestruz, ignorando sus inteligibles exclamaciones, rogándole a las nubes que no me hablaran. No quería que acentuaran el poco talento que tengo para la conversación con extraños. Mi vaso se empañaba más rápidamente. La cerveza parecía inacabable. Quería salir corriendo. No estaba dispuesta a decirles que soy de un lugar confundible con Minnesota. Prefiero pasar por una casualidad, acaso una mesa disponible.

Dejé mi diario y me pasé a las traducciones. Una palabra en alemán me detuvo. El poema está escrito en inglés y ese vocablo se levanta como una advertencia, como un código secreto entre la voz poética y el autor. Lo peor es que la imagen se erigía sobre ella. Desperté y luego de tantear en vano con ese rompecabezas, le pregunté a los alemanes que tenía enfrentados. Les señalé la palabra sobre el pretzel que comían y sonrieron con piedad. “El goce del dolor ajeno”, pero algo liviano y casi bonito -según entendí. Es una palabra difícil, me agregó la mujer, significa mucho. Se animaron, parece que toqué la sensibilidad de su lengua (esa de vasija contenida a sus vocablos compuestos). Al desconocerla y develarla entendí que una palabra en un poema puede erigirse como una columna invisible.

July 4, 2011
La marcha de los sustantivos: La toalla

Emerson lo llamó “el lenguaje hablado de las cosas”.
La capacidad del mundo material para enseñarnos a trascenderlo, según Billy Collins.

La toalla es un trozo de tela rectangular para secarse después del baño o la ducha. Languidece colgada del tubo de la cortina, la puerta o el toallero. Su fin es aplacar la humedad del recién bañado. Cae sobre el cuerpo como para apagar el fuego en la trinchera. Es necesitada de súbito. Está lista para emergencias. Un tirón brusco la despierta y entra en competencia con el agua sin resistirse. Resignada roza, lame de forma contraria, absorbe. La toalla es un animal sediento con millones de bocas. No es un paño ni trapo para objetos, no es una toallita de manos. La toalla tiene como andamios las piernas, los brazos, el abdomen, la espalda. Esa comunidad de hilos superpuestos se pasea entre glúteos y sobre narices sin distinción ni exclusividades. Ella es la verdadera todoterreno. Es la mejor contorsionista. Se enrolla para ser guindada al cuello durante la afeitada, también se puede envolver a la cabellera con un leve giro. La toalla lo puede todo. Siéntate y mírala mientras haces tus demás asuntos. Mírala con atención que de tanto vas a conocerla. La toalla está quieta ahí, también mirándote y en semejanza a todos: en espera por la humedad. La toalla se fertiliza con el agua y le debe su vida a la luz, pues si no es secada propiamente se pudre. Hay algo en ella propio de la naturaleza. La toalla es diana de opiniones, pero difiere de un amante porque no se queja si no le dices qué suave está o qué rico huele. Lleva tu rostro a ella, húndelo y olfatéala. Probablemente te halles escondido entre los nudos mínimos que la componen. Seguro aún queda una gota que migró de tu seno esta mañana. Apuesto a que resides ahí, que te renuevas en ella y que en esta reposa lo que dejaste de ser. Es un poco áspera para rebautizarte y limar lo que tus poros conjugan en pretérito. La toalla lo tiene todo fríamente calculado. Cuando la veas y te veas empezarás a dudar de los espejos. Sécate, deja caer en ti el abrazo de la mantarraya.

Liked posts on Tumblr: More liked posts »